Usa agua fresca y movimientos mínimos, sin retorcer. En piezas de lana, presiona con toallas para retirar exceso y seca extendido, lejos del sol directo. En algodón, cuelga con soporte uniforme para evitar marcas de pinza. Un cuidado regular, sin prisa, honra el trabajo de campo y mantiene la historia del paisaje dentro de cada fibra.
Coloca muestras en la ventana junto a duplicados guardados en una carpeta oscura. Compara mensualmente y anota cambios. Considera reforzar con un baño ligero de tanino o una pizca de hierro si el uso exige resistencia. Comparte tus datos y fotografías, porque la experiencia colectiva afina criterios y nos ayuda a crear textiles más duraderos y amados.